
Hay cazadores furtivos en tu casa
lamiendo las cerraduras, seduciéndolas
abriendo todas las puertas de tu casa
con virus y trampas...
Hay cazadores furtivos en tu cabeza
dispuestos a abandonarlo todo,
a dejar las páginas en blanco
después de que la historia sea contada,
y dejar el cuero de los animales maravillados
a merced de insaciables gusanos
y larvas celosas de tanta sangre en las raíces de los árboles,
y los ciruelos que esta primavera florecen
traen la sangre a la boca
dulce y ácida,
y mis niñas se van a desbandar
y me van a dejar esperando el cielo
y las voy a escuchar reírse como si nada
y me voy a reír con ellas
simulando mi vergüenza de joven viejo despreciado.
Los cazadores siguen en tu casa y en tu cabeza
y acá se acaba el camino,
la luz se acaba también,
el croar de las ranas te avisa
pero no haces caso,
crees que es la risa de los ángeles,
cuando se trata del grito más tóxico y colorido,
pero no ves nada,
no oyes nada,
y como los niños en el sueño del cura con fiebre
sigues corriendo hacia el abismo.
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